7.8.06

Gente que no (2)

Otra característica del hombre moderno es la soledad. Las personas describen este sentimiento como un estar “afuera”, dicen que se siente alienadas. La soledad es para muchas personas una amenaza tan omnipotente y penosa que les resta posibilidades en cuanto a apreciar los valores positivos que entraña. Muchas personas adolecen del “miedo de encontrarse a solas”, destaca André Gide, “y por eso no se encuentran nunca consigo mismas”.
Los sentimientos de vacío y soledad marchan juntos. Las razones de la estrecha relación entre soledad y vacío no son difíciles de descubrir. Porque cuando una persona no tiene la convicción íntima de saber lo que quiere o lo que siente cuando, en un período de cambio traumático, toma conciencia de que los deseos y metas convencionales que le han enseñado a perseguir no le proporcionan seguridad alguna ni le dan un sentido de orientación, esta persona se siente en peligro y la reacción natural es buscar a su alrededor a otras personas con la esperanza de que le den algún sentido de orientación o al menos para sentirse reconfortado o no estar sola en su miedo.
El vacío y la soledad se presentan de este modo como dos fases de la misma experiencia básica de ansiedad.
Los sentimientos de soledad se presentan cuando uno se encuentra vacío y temeroso no simplemente porque necesite protección de la muchedumbre como un animal salvaje que se protege formando un grupo compacto con sus congéneres. La razón primordial es que el ser humano obtiene su primera experiencia de ser un yo a partir de su relación con las otras personas, y cuando está solo, sin la compañía de otro, tiene miedo de perder esta experiencia.
Parte del sentimiento de soledad responde a la necesidad que tiene el hombre de relacionarse con los otros para orientarse así mismo. Otra importante razón para el sentimiento de soledad surge del hecho de que nuestra sociedad acentúe de manera tan importante el ser aceptado socialmente. Ésta es nuestra manera fundamental de calmar la ansiedad y nuestra marca suprema de prestigio. Si uno es agradable, es decir, si tiene éxito social rara vez estará solo; no agradar es haber perdido en la carrera. “Sed agradables”, les advierte Willie Loman a sus hijos en La muerte de un viajante, y “nunca pasaréis necesidad”.
La otra cara de la soledad del hombre moderno es su gran miedo a estar solos. En nuestra cultura se le permite a uno decir que es un solitario porque ésa es una manera de admitir que no es bueno estar solo. Pero si alguien menciona en una reunión social que le gusta estar solo, la gente puede pensar que algo no anda del todo bien en él y lo rodea de un aura de misterio como a un paria intocable o a un enfermo.
(…) Lo importante no es lo que se dice sino hablar constantemente. El silencio es el gran crimen, porque significa soledad y da miedo. Se puede no sentir mucho o decir cosas que no tengan mucho sentido; lo que se dice parece tener más eficacia si no se trata de entenderlo.
Si nosotros, en calidad de hombres del siglo XXI, miramos hacia dentro con honestidad, es decir, debajo de nuestra apariencia habitual ¿no encontramos, acaso, este miedo al aislamiento poco menos que como una constante compañía a pesar de sus muchos disfraces? El miedo a estar solo deriva en gran parte de la ansiedad provocada por el temor de perder la conciencia de nosotros mismos. Si las personas piensan determinadamente la posibilidad de estar solas por periodos un poco largos, sin alguien a quien hablar, sin un aparato de radio que inunde el aire de ruidos, llega a la conclusión, por lo general, de que serían presa del “desorden”, perderían sus propios límites, no habría nada que las detuviera ni tampoco que les permitieran orientarse.
Todo ser humano obtiene gran parte de su sentido de la propia realidad a partir de lo que los otros le dicen y de lo que piensan de él. Pero muchas personas de nuestra época han ido tan lejos en su dependencia de los demás en cuanto a su experiencia de la realidad que temen perder sin ellos el sentido de su propia existencia. Son como ciegos que encuentran su camino a lo largo de la vida sólo merced a que van tocando una sucesión de personas distintas.
La aceptación social, el "gustar", tiene tanto poder porque mantiene a raya los sentimientos de soledad. Temporalmente se desprende de la soledad, pero al precio de renunciar a su existencia como una identidad por derecho propio. Y así renuncia a lo único que le ayudaría a superar constructivamente la soledad, es decir, el desarrollo de sus propios recursos interiores, de la fortaleza de ánimo y del sentido de orientación, además de la utilización de todo ello como base para una relación con los demás plena de significado. Los "hombres presuntuosos" están condenados a quedarse más solos, no importa cuanto apoyo se presten entre sí. La gente hueca no tiene una base a partir de la cual aprende a amar.

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